jueves, 4 de febrero de 2010

EL RETRATO EN QUE MÁS GUAPA ME VEO

Hay dos formas estéticas de ver la maternidad.
Y las dos son ciertas.
  • Gestar un bebé te hincha, te deforma, te estropea: con un poco de suerte o sin ella salen varices, estrías, manchas hormonales en la cara... por no hablar, en muchos casos, de los kilos que no son de barriga y que se han instalado forever en tus cartucheras.
  • La otra forma de mirar la aventura de ser mamá nos enseña lo bello que pueden ser el cuerpo y la cara de una preñaíta: muchas actrices y famosas varias se han apuntado al estriptís hepta-gestante para dar visibilidad al cuerpo curvilíneo, acogedor y calentito de la futura mamá.
... Pero, ¿qué pasa después? ¿Y la lucha que comienza y no tiene fin, qué?
 
Criar un hijo te envejece: aparecen las primeras canas de la preocupación por su salud, y las primeras arrugas en los ojos de la preocupación por tu obligado insomnio.
Hay días en que no sabes cómo puedes tirar de tu vida porque estás más zombie que un bicho del Resident Evil.
Y esto no dura meses no, dura SIEMPRE. La adolescencia, la facultad, los amoríos que tendrán y lo que llorarán... cuando lo pienso, me da vértigo.
 
Y sin embargo... no solo no nos importa, nos encanta. Ahora entiendo las sabias arrugas de las mamás. Y me llena de alegría, a pesar de mis canas y mis arruguillas cuando mi hija de 3 años me regala el retrato en que más guapa me veo: el que proyecta con sus manos que apenas empiezan a saber coger un lápiz.
 
Yo según Marina.

Posdata: Las que sois mamás, no perderos a la autora Katherine Ellison, una americana que, contra la norma popular que afirmaba que una mujer perdía capacidad al ser madre porque se centra en el bebé, demuestra que las mujeres mamá de hoy día, dado que compaginan crianza con carrera profesional, son más inteligentes, porque desarrollan más agilidad mental y más recursos, necesarios para afrontar todas las vicisitudes de sus vidas.

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