lunes, 1 de febrero de 2010

¿Porqué dejarse MACHACAR?

Estos últimos días me siento un "consolador". Jajaja.
Lo explico, enga.
Trabajo con adolescentes. Me encanta, aunque a veces son vampiros de energía y cuesta desconectar (me indigno o entristezco un buen rato después del curro... pero otras veces también me duran la satisfacción y alegría de haber ayudado, así que no son solo vampiros, son también radiadores, jajaja).
El caso es que de unos días para acá me llevo encontrando con chicas muy tristes, acomplejadas y enfurruñadas por algo que sus compañeros les han dicho. Donde les duele. Tirando a dar.

Ya sabemos la crueldad típica de los 15, no? En esto no tengo que enrollarme... pero lo peor no es que te digan gorda, fea, patizamba... sino la HUMILLACIÓN del escenario, del público.
Por eso lloraban mis niñas, no por el insulto en sí.

Todo esto me hace reflexionar (y lo hago con ellas) en la inseguridad que a veces arrastramos. Insultan a un chico en esta edad y se lo echa a la espalda (la mayoría de las veces; no digo que no le importe, digo que es una actitud diferente). Insultan a una chica y se victimiza: llora, y patalea.

¿Porqué? Y sobre todo, ¿se convierte esto en una desventaja?
La verdad es que no puedo ser taxativa aquí, me falta perspectiva. Pero desde luego que la sociedad y los medios de comunicación no ayudan en absoluto.

Creo que no se trata tanto de enseñar a las chicas a defenderse (os sorprendería lo bien que lo hacen algunas, jeje), como a no SENTIRSE HUMILLADAS. Y para eso, nada mejor que un ESCUDO muy grande: en el cerebro, y unas espaldas muy anchas.

Y a esto sí podemos ayudar a nuestras chicas: sobrinas, hijas, primas y vecinas.
Que no se dejen machacar.
No son un sparring.
Y por ahí se empieza...

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