lunes, 31 de mayo de 2010

Ives Rocher y los punticos de los coj*****

Perdón por el título borde, pero este post así lo requiere. Aunque, para ser justas, no es la marca en sí la soba-ovarys, sino el infantilismo de la peña. Os cuento.

El viernes tarde estuve de compras (a ver si subo el jaul mañana) y, como os decía en el video de los cuidados pinreliles, quería renovar mis cremitas de IR. Cuál es mi sorpresa cuando al pasar por delante veo el cartelito de todo al 50%.
La verdad es que había pensado aplazar la compra, porque estaba ya avanzada la tarde, las niñas patosillas y mis pies y estómago con ganas de terracita y tapa. Pero no iba a dejar pasar la oportunidad cuando además sabía lo que quería.

Situación: tienda semivacía. Una señora en el mostrador para ir a pagar, la menda con Marina (a Irene se la llevó su papa, aquí hacemos repartos de bienes para poder comprar) y una chica que entró detrás mía. Mientras cogía las cremas cerraron la tienda.

Señora-de-delante: Me he dejado la tarjeta en casa, ahora como me ponéis los puntos? (llevaba 8 € de compra, osssea, imaginaos la cantidad ridícula de puntos).
Dependienta: Pues no podemos.
Señora-de-delante: Pues me haces un ticket y otro día me metes los puntos.
Dependienta: no, es que no funciona así. Hay que hacerlo en el momento de la compra, sino no se puede.
Señora-de-delante: Es que me la he dejado en la mesa (tras buscar un rato infructuosamente).
Dependienta: qué lástima.

... mientras tanto, Marina se aburría y empezaba a mostrar un peligroso interés por los tarritos de alrededor, y la chica que iba detrás de mí cruzaba miradas aviesas conmigo y las dos hacia la señora.

Señora-de-delante: Es que os llevo comprando desde el pleistoceno, y mira que no ponerme los puntos....
Dependienta: Podemos hacerle una tarjeta nueva.
Señora-de-delante: Pero entonces ¿podré juntar esos puntos con los de la vieja?
Dependienta: ¡Ah, no, claro!! (a favor de la dependienta hay que decir que ya estaría espesa a esas horas de la tarde de lidiar con gilipollas señoras insistentes).
Señora-de-delante: ¿Pero no me vais a dar un regalito?
Dependienta: Si, ya le he puesto una muestra de mascarilla.
Señora-de-delante: ¿Y lo de las bolsas de tela?

... bueno, en este punto, les pido que me abran la tienda. "¿Pero tú qué quieres?" Me dice la dependienta. "¡¡PAGAR!!", se me escapa un poco alto de tono. "Ah, sí, claro... un momento..."

A lo que voy...
- ¿Cómo puede haber gente tan mísera que haga a las dependientas, a tienda cerrada, dar explicaciones durante 20 minutos para un regalito de mierda pequeñito?
-¿Qué clase de antidepresivo toman las dependientas del Ives Rocher para aguantar esto a diario?

Lo mejor: Cuando pago, me pide la tarjeta. "Me la he dejado en mi casa, yo también. Pero tranquila, paso de regalitos!"

Jajajaja (ahora me río, pero qué cabreo tenía!!).

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