martes, 27 de julio de 2010

ANTIESTRATEGIAS

ANTIESTRATEGIAS PARA VIVIR MEJOR

Es el título de un libro que compré porque me pareció curioso en su planteamiento. Su autora, Claudia Noseda, plantea estrategias atípicas para mejorar nuestra búsqueda del bienestar: son unas estrategias basadas en lo natural, en la vida sencilla, que se sustentan en una lógica amena y fluida.
Aunque a menudo en los distintos capítulos había afirmaciones que no comparto al 100%, lo cierto es que la obra me ha gustado lo suficiente como para dedicarle algún psicopost. Asi que vamos a ver qué nos recomienda Claudia para vivir mejor:

1. PROVOCAR LO TEMIDO. Primera afirmación en contra de los cánones. Si pasamos la vida huyendo de miedos (desde los monstruos en el armario que ve Marina hasta mis miedos al futuro de ella y su hermana)…¿cómo voy a querer provocar eso que temo?.

Según la autora (y según muchos autores más), nuestra realidad no es otra cosa que una construcción subjetiva: cada una de nosotras tenemos nuestra interpretación de lo que nos ocurre, de los que vemos...de lo que vivimos. Por ese motivo mi (y tu) realidad están cargadas de emociones. Hasta aquí nada nuevo bajo el sol, eso ya lo decían los filósofos antes de que se inventasen la psicología.

En esta construcción personal vive el amor, la alegría, la ilusión...y los miedos. Que son miedos porque imaginamos consecuencias (Marina teme al monstruo porque imagina que le hará daño, yo temo al futuro de mis hijas porque imagino que algo malo puede pasarles en la vida). 
Llegados a este punto la autora cita a Proust con una acertadísima frase: “El miedo es un abuso de la imaginación”, porque siempre tendemos a esperar lo peor de algo temido. 
Obviamente, este razonamiento sería simplista si lo extendiésemos a todos los ámbitos de lo que significa tener miedo (a la muerte, a la enfermedad, a perder un ser querido) pero sí nos es útil para los “miedos cotidianos”.

Me saqué el carné de conducir ya “mayor”, con 24 años. Siempre había pensado que sería torpe al volante porque no tengo mucha habilidad espacial. Aunque me lo saqué a la primera, cuando pude comprarme el coche 4 meses después, entre que me había enfriado y que pensaba que el aprobado fue chiripa (de echo, en parte lo fue), me daba terror coger mi propio coche. Mi miedo no era a tener un accidente de tráfico ni nada por el estilo: era simplemente miedo a rayarlo, abollarlo, a no ser capaz de circular por una calle más estrecha.
Cuando me obligaba a mí misma a cogerlo (era consciente de que no podía dejarlo aparcado para siempre, después de todo, jajaja) me sudaban las manos, me temblaban las piernas...lo pasaba fatal!! Llegaba a casa agotada tras conducir un cuarto de hora. Y obviamente, circulaba peor por el miedo que sentía.

Este sí es un claro ejemplo de un miedo que, “imaginado”, es peor casi que vivido. Si rayo el coche o me meto en un embolao, ya saldré. No pasa nada. Pero me costó, lo prometo, aceptar esa situación. Y tras 8 años llevo más kilómetros en el cuerpo que un taxista y me percibo como buena conductora. 
Me recuerda un poco a la película Monsters SA (últimamente la veo sin parar porque Marina ha cogido esa aficción infantil de ver lo mismo hasta aprenderse los diálogos y ha sido en el caso con esta peli!) cuando dos “tiarracos” como Sulli y Wuasoski se ponen histéricos ante la posibilidad de que Booh (la niña humana) los toque y los infecte, porque imaginaban que enfermarían y morirían.

El miedo es necesario: es un mecanismo de supervivencia. Pero a veces (en estas ocasiones) es superfluo. Ahí es cuando debemos “luchar contra” él. Racionalizarlo. Y esto, tampoco es ningunainvención reciente: os sonará lo de “el sueño de la razón produce monstruos”, a que sí? ...pero Claudia da un paso adelante y n o habla solo de “Pensarlo” sino de enfrentarnos a él, de “vivirlo”, para que comprobemos que la cosa no era para tanto. Ese “obligarme a” fue el que me permitió superar el miedo a conducir, pero...no siempre he estado tan acertada: el miedo a hablar en público no me lo quité sola; sino porque tuve la obligación en la facultad de hacer exposiciones, exámenes orales, teatro...y hasta coreografías infantiles. Si no, yo sola no habria sido capaz de ponerme en situación para superarlo. Ahora, hablar en público no es para mi una situación aterradora, sino un reto.

¿Podéis poner otros ejemplos o los tenéis (volar en avión, hablar en público, ir al dentista…)? ¿les habéis echado cara?
La segunda y tercera propuestas del libro que hila este post habla sobre que cambiar nuestra interpretación de la realidad para que nos afecte de otra manera y sobre cómo “pedir por esa boquita” cuando lo consideramos “justo y necesario”. ¿Os parecen interesantes los planteamientos como para dedicarle un hueco aquí, o a otra cosa mariposa?
¡¡BESOS ESTRATÉGICOS!!

11 comentarios:

Miss Potingues dijo...

Me parece interesante.
Respecto a lo de provocar la situación, debo tener un gen algo kamikaze porque sí, lo he hecho en varias ocasiones.
Más vale ponerse una vez colorao que ciento amarillo.
No me gusta cargar con "y si...", ni con sus primitos.
Las cosas claras y el chocolate espeso.
Y si hay que temer algo, que sea con razón.

Besos!

Glow dijo...

me parece estupendo este tema, además en estos momentos de mi vida me viene genial, estoy algo paralizada por muchos miedos y por los indeseables "Y si...".

Athena dijo...

Hace un año tuve un accidente de moto porque una señora en un monovolumen hizo una maniobra acelerando como loca para pasar un semáforo que iba a cambiar a rojo. Me bloqueó el paso y yo vi su coche muy, MUY de cerca. Frené a tiempo para no chocarme pero me caí y la moto me cayó encima de una pierna.

Durante el tiempo que estuve convaleciente, me daba PÁNICO que se me acercara ningún coche (ya podía estar yo dentro de otro coche, que si veía una puerta al lado mía, me ponía a morir).

Cuando volví a "andar" a los 6 meses aprox. no quería saber nada de la moto. Entonces pensé en esa señora, que estaba hasta molesta de que yo le hiciera llegar tarde (y yo todavía no estoy rehabilitada del todo). Me dio tanta rabia que me prometí a mi misma que por culpa de esa señora horrible no iba a dejar de conducir.

Y me obligué a cojer la moto todo lo que podía. Al principio lo pasaba mal (bueno, mal no...lo siguiente xD). Pero con los meses se me ha ido pasando y ya casi no le tengo pánico a los coches :P

Ewunia dijo...

Me parecen muy interesantes estos temas. Me ayudan a "dosificar" esos miedos, aún tengo algunos que me rondan por la cabeza. Pero imagino que poco a poco se irán :) Besitos!!

tita hellen dijo...

Yo tuve un problemilla importante, y tengo un poco de agorafobia, asi que tuve que hacerlo en plan bestia saliendo de casa. A veces no me siento muy cómoda lejos de mi casa pero es que si no me acostumbro nunca iré a Liverpool ni a Tokio y quiero ir!

Tienes que dejar que tus deseos sean mayores y fuertes que tus miedos. Besazos

Eurídice dijo...

Bueno, ... qué decirte de este tema.

El caso es que he vuelto, vuelvo a escribir y lo que al principio me dio miedo ahora me está dando una profunda satisfacción.

Para afrontar los miedos también necesitamos tiempo, tiempo y reflexión (sin esto último la cosa 'tiempo' no adquiere valor alguno).

A ti precisamente tengo que darte parte de las gracias por afrontarlo, pues me animaste sin darte cuenta a un retorno que -espero- sea definitivo.

Un besote, preciosa* gracias por estos posts que tanto ayudar y hacen que te des cuenta de lo que somos o de lo que realmente podemos llegar a ser (no puedo evitar acordarme de Parménides... jajaja).

Bueno, pretty, voy a ver si tengo correo.

¡Ahhhhhhh!! me llegan en estos días tocado y broche ;) Los subiré para cuando vayais a votar como punto de encuentro y desenlace para vuestras votaciones, pero eso ya lo explicaré más adelante!! jajaja

Muack!!!!!!!!!!!!!

BlogHera dijo...

Muy buen post. He de decir que sigo sin superar mi miedo a hablar en público y lo de conducir lo llevo muy mal.Tuve que conducir durante 3 meses y al acabar lo aparqué, no lo he vuelto a coger.Sé que en algún momento me tendré que enfrentar a ello.
Besos.

Lorenina dijo...

Me ha parecido muy interesante Gadi.
En algunos casos me he provocado con situaciones a las que tenía reticiencia pero con una en concreta no puedo (ya lo intenté y salí por patas) y es el carnet de conducir.
En mi caso viene de varias situaciones en las que un coche me ha puesto en apuros, sé que es un miedo irracional pero no puedo evitarlo. Me he propuesto a la vuelta de las vacaciones apuntarme de una vez, pero según escribo estos ya me sudan las palmas de las manos.
No sé yo si algún día podré superarlo, pero por lo menos no dejaré de intentarlo!!

Un beso!!

Tessa dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Tessa dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Tessa dijo...

Tessa dijo...
Yo tengo un miedo al coche increible,me saqué el carnet hace ya como 5 años.
Y bueno al principio lo cogia y tal,pero como iba tan insegura pues me paso una gilipoyez,por que lo es, y entre eso y que me costaba lo dejé.
Al tiempo le puse valor y empecé a cogerlo pero lo dejé por que la tension que siento ,los sudores que me dan y el corazon se me oye a leguas,no podía....

Es algo superior a mi,la gente no lo entiende y eso me agobia mucho mas,por que hacen comentarios fuera de lugar.pero esque es sentarme al volante y me pongo mala ,pero bueno cuando me vea otra vez con fuerza me enfrentaré de nuevo.

Y ya veo que no soy la unica,pensaba que lo mio era ya un caso perdido.

Besicos!!!!

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