viernes, 30 de julio de 2010

Solo soy dueña de lo que estoy dispuesta a perder.

En este caso, otra afirmación sorprendente: cuando quiero ser dueña de algo…¿cómo voy a querer perderlo?
Para explicarlo, además del consabido ejemplo la autora enfrenta en esta ocasión otro par de términos:
  • Objetivo versus meta: el objetivo se orienta al presente, la meta al futuro. Para conseguir algo, para llegar a mi meta, necesito tener unos objetivos de presente, unos pasos que centren mi fuerza y mis esfuerzos a corto plazo.
  • Aceptación versus apego: aceptar que el pasado es irreversible, y el futuro imprevisible me deja libertad para vivir mi presente. El apego, en cambio, me angustia por la posible pérdida de lo que quiero y no me deja disfrutar del hoy.


La verdad es que este es uno de los capítulos que más me costó entender como para asumirlo y trasmitirlo (dicen que solo se asume un aprendizaje cuando se es capaz de explicarlo a otro, es un paso más allá: de hecho, muchos profesores a los que los niños no entienden saben mucho de la materia que imparten, pero no saben trasmitirla. Ya no se trata de aprender, sino de aprehender. Y paro, que me estoy poniendo muy filosófica!).

...pero al final, pensando como siempre hago, en mi cercanía, sí he logrado entenderlo. Creo que uno de los ejemplos más claros de cuánto se quiere aquello de lo que no somos dueños son los hijos. Cuando tienes un hijo depositas en él una serie de expectativas, eso es inevitable. Quieres su felicidad, que sea buena gente...y luego ya lo que cada uno aspire (véase médico, cura, ministro, casado, madre-para-que-me-haga-abuela…). Y sin embargo, un hijo, esa persona por la que cualquier madre que preguntes te dice que es a lo que más quiere del mundo (más que a sí misma!), hay que saber perderlo. En el sentido en que el hijo tiene que vivir su propia vida, cometer sus propios errores y votar al partido que decida jajaja Y lo amaremos igual. Eso es aceptación.

Y sucede lo mismo con la pareja: a veces, cuando en medio de una discusión amoroso-filosófica alguna amiga me ha preguntado por mi relación (con respecto a pasado-presente-futuro), siempre respondo: hoy por hoy, es el hombre de mi vida. Dentro de 15 años no lo sé. (¡¡ojo que el manolo dice lo mismo!!). Algunas personas con una mentalidad más tradicional igual piensa que al comentar esto es porque la pareja no tiene futuro o porque no nos amamos lo suficiente. Nada más lejos de la realidad. Nos amamos en el presente y construimos el futuro de esta manera. Al fin y al cabo, ni los amantes más amantísimos del mundo pueden meter la mano en fuego por su relación.

Claudia lo explica mejor que yo cuando afirma: “Solo se es dueño de lo que se está dispuesto a perder, porque en la aceptación de la posible pérdida está implicada la aceptación de la incertidumbre del futuro, sin que ésta avasalle  con sombras la luminosidad del trabajo que se encara hoy par la consecución de ese bien”.

...como veis, muchos de los razonamientos en que se basan estas antiestrategias son juegos de palabras que al final nos sorprenden con vericuetos muy cercanos a lo filosófico, pero creo que son interesantes porque nos hacen reflexionar y mejorar.

¡¡Besos perdidos!!

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