viernes, 26 de noviembre de 2010

CÓMO RECONOCER MIS EMOCIONES

Todos los ámbitos que en psicología hablen del “uno mismo” tienen que ver con dos conceptos:

  • ·         Introspección: como estrategia de reflexión y autoconocimiento. Todos, aunque en diferente medida, “repasamos” nuestros comportamientos, actitudes y reacciones. Es la manera de “empezar a rascar” para ver qué hay detrás, qué subyace a esa respuesta que dí; qué sentimiento o emoción está impulsándome a reaccionar de determinada manera ante un(os) estímulos(s) concreto(s).
  • ·         Conciencia de mí misma: Mucho que ver con la anterior, la logro cuando al reflexionar me “veo” como una espectadora externa de mis comportamientos. Ojo, sin JUZGAR ni CULPABILIZAR: se trata, más bien, de IDENTIFICAR, RECONOCER, RECOGER DATOS…para llegar a PONER NOMBRE  a las emociones ahí implicadas.

Hay diferentes maneras de que una persona se VINCULE CON sus emociones, y John Meyer  nos propone una clasificación que puede ser útil. Como siempre, las clasificaciones dan una visión reduccionista de la realidad (no existen “tipos puros”); pero también ayudan al DIAGNÓSTICO (no en sentido de psicología clínica, sino práctica: a mí, como persona, me sirven para hacerme una orientación de en qué sector estoy y, de esa manera,  tomar decisiones en consecuencia).
Para facilitar la IDENTIFICACIÓN, voy a plantearlo en forma de autopreguntas. La mayoría de sí en un sector me dará pistas de qué forma tengo de relacionarme con mis emociones:

1.       PERSONA CONSCIENTE DE SÍ MISMA:
·         ¿Sé en cada momento lo que estoy sintiendo?
·         ¿Reconozco en mí emociones negativas?
·         Y cuando lo hago… ¿empiezo una “guerra” contra ellas, o las acepto, sin más?
·         ¿Me dedico ratos a mí misma, a reflexionar sobre “mi yo”?

Estas personas asimilan los estados de ánimo negativo: los aceptan y eso hace que los superen antes y de una forma más saludable.
Me explico: puedo enfrentarme a un miedo absurdo, pero no a un sentimiento de tristeza por perder a una mascota, por ejemplo (por no poner ejemplos muy dramáticos en ninguno de los dos casos). Aceptar que estoy triste es más sano que enfrentarme a mi tristeza.
Ya hemos dicho a menudo que las personas que aceptan los duelos y se conceden su tiempo para “penar” cuando es necesario, superan mejor las pérdidas que quienes se “fuerzan” a enfrentarse a ellos como si fuesen el enemigo.

2.       PERSONA ATRAPADA EN SUS EMOCIONES:
·         ¿Me desbordan mis sentimientos?
·         ¿A veces me siento atrapada por sentimientos, sin saber porqué?
·         ¿Me siento abrumada, confusa, como queriendo escapar de lo que siento?
·         ¿Siento que realmente no sé lo que quiero?

Estas personas sufren por desconocer o no saber reconocer el estado en que se encuentran y no es raro que por eso sufran estados ansiosos o depresivos (ojo no DEPRESIÓN, estados depresivos).

3.       PERSONA QUE ACEPTA SUS EMOCIONES:
·         ¿Reconozco mis estados de ánimo cuando los estoy viviendo?
·         ¿Los acepto?
·         ¿Siento que nunca hago nada por cambiar lo que me rodea, me guste o no?

Aquí lo característico es la PASIVIDAD: sé lo que siento pero lo acepto, SIN MÁS. No participo activamente en mantener mi buen humor o resolver aquello que me provoca enfado. No me siento con fuerzas o no me apetece. Pierdo el protagonismo de MI vida.

Como veis, está bastante claro cuál es el tipo más equilibrado… ¿en cuál os veis?
El próximo día veremos cómo nos caracterizamos según LA INTENSIDAD con que vivamos nuestras emociones. Un tema intenso, sin duda jajaja
¡¡Besos!!

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