viernes, 12 de noviembre de 2010

Convivencia en el trabajo

Ahora es el turno de hablar de las relaciones en el trabajo. Curiosamente, y aunque sobre este tema podrían verterse ríos de tinta, es el apartado más corto del libro. Pero a mi parecer, está “todo lo que tiene que estar”. Se ofrece una visión general que vamos a repasar en esta tanda.

Nuestro desarrollo profesional puede ser fuente de muchas emociones positivas: nos aporta satisfacción, autonomía y es una fuente de identidad personal y social. Ahora bien, el que esto suceda depende mucho de dos aspectos básicos:
  • ·         Que nuestro trabajo sea estimulante, activo, que nos plantee “pequeños retos”.
  • ·         Que la calidad de nuestras relaciones en él sea satisfactoria.

…igual que el entorno familiar o las relaciones de pareja, el cómo estemos en nuestro trabajo influye, para bien o para mal, en nuestra autoestima.

Últimamente se ha generalizado a nivel popular el concepto de WORKAHOLIC: referido a la persona “adicta” a su trabajo, incapaz de desconectar de él para reservarse un ámbito necesariamente personal y privado. Y apunta un dato interesante: cada vez son más mujeres las que se encuentran en esta categoría (hace unas décadas eran solo hombres)

Otra idea que le ha gustado como la enfoca es la del DESPIDO. Por su experiencia como psiquiatra, el autor habla de muchos casos en los que el despido se interpreta como un FRACASO PERSONAL y por lo tanto genera sentimientos de:
  • -          Humillación
  • -          Rechazo
  • -          Incompetencia


Con la situación socio-económica que vivimos en la actualidad, miles de personas están pasando por estos trances, por lo que enfocarlo como algo más externo a nosotros es mucho más positivo. Aunque sintamos FRUSTRACIÓN por perder nuestro empleo (con las consecuencias económico personales que supone, además), debemos tener OBJETVIDAD para situar la causa de modo externo a nosotros (cuando es así, que hoy en día con las remodelaciones de plantilla, el abaratamiento de los despidos y las jubilaciones “precoces”, es antes de tiempo).
Algo parecido sucede con los jóvenes que BUSCAN SU PRIMER EMPLEO sin éxito: se van generando, y acumulando, sentimientos de INCOMPETENCIA subjetivos, en la mayoría de las ocasiones: no se trata de falta de competencia, sino de condiciones laborales precarias.

Para superar estas vivencias, la CAPACIDAD DE ADAPTACIÓN es importantísima. En este blog hemos hecho ya muchas referencias a cómo el negativismo y la positividad influyen, para mal o para bien, en como vivimos “lo que nos toca vivir”, y en este sentido conozco dos ejemplos muy ilustrativos que pueden enlazar además con el concepto previo de WORKAHOLIC:

-          P. era una compañera cercana a la edad de la jubilación, pero activa y jovial. Sin embargo, como la vocación en el ámbito profesional de la educación tiene mucho que ver con la persona, P parecía vivir para su trabajo: una persona despierta, inteligente…de esas que necesitan continua actividad para estar contentas. Y que además, se lo pasaba pipa con los alumnos y siempre andaba contando anécdotas e interesándose por ellos. Por eso pensé, prejuiciosamente, que cuando se jubilase iba a costarle adaptarse a su nueva vida, quizá iba a experimentar tristeza o momentos algo deprimida…o incluso iba a perder “agilidad mental” algo común cuando, a partir de cierta edad, dejamos de lado actividades que nos mantienen “engrasado el cerebro”.
Nada más lejos de la realidad…¡¡me da envidia!! P. Ahora viaja, atiende su jardín, pertenece a una asociación a la que acude casi a diario, se marcha (sin fecha de vuelta) a su casa en la costa…y lee, navega en Internet, da largos paseos campestres cuando puede. P. es feliz!!

-          J. es un compañero admirable. Una persona entregada por y para a su trabajo y a sus niños. No solo trabaja en el centro, sino también por las tardes en casa. En ocasiones se ha ofrecido, fuera de su horario de trabajo, para ayudar a estudiar a los chiquillos y nunca sale de fiesta porque prefiere invertir, casi todo su tiempo, en prepararles materiales. J. sigue y seguirá trabajando muchos años porque es más joven, pero cuando acabe su edad de profesional activo, no sé cómo va a tomárselo. Probablemente sabrá enfocarlo bien porque es un persona muy inteligente, pero creo que vivirá un pequeño bajón.

¿Por qué? ¿Cuál es la diferencia entre A. y J.? ¿Qué no ví en el primer caso para equivocarme? Pues no vi que A., independientemente de su entrega profesional, tiene una vida personal y social intensa y activa, tiene hobbies, tiene otras pasiones y una familia muy cercana. Este mundo de A. le ayuda a…

  • Tener otras ocupaciones igualmente enriquecedoras que su trabajo
  • Mantener su actividad mental al mismo nivel que antes
  • Tener un “grupo de soporte” que enseguida le acoge si le da un pequeño bajón.

¿Adónde quiero llegar con todo esto? A que, como ya hemos mencionado, en esta vida, “MI” vida, no puede reducirse a un ÚNICO ÁMBITO (llámalo familia, trabajo, pareja…), porque cuando este FALLA (en este caso por despido, jubilación, paro…) ME HUNDO.
En este sentido, mi capacidad de adaptación pasa por buscarme, de otra manera y mientras tanto en algunos casos, oportunidades formativas y de desarrollo que me mantengan activa y entretenida: cursos, asociaciones, amistades, hobbies…

En próximo post hablaremos de las MADRES QUE TRABAJAN, un tema que se supone que, entrados en el siglo XXI está más que superado… ¿o no?
¡¡Besos!!

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