miércoles, 19 de enero de 2011

Inteligencia social en el trabajo/estudios

Aunque sobre este tema también hemos hablado, siempre hay cosas interesantes en las que profundizar. Como la mayoría de las lectoras estudiáis (e imagino que tenéis trabajos en equipo, al menos algunas) o trabajáis, vamos a enfocarlo desde un punto de vista más práctico: la inteligencia social en el trabajo.

Los campos que definen la inteligencia social aplicada al mundo profesional son:
  •        Capacidad de organizar grupos.

Conocida más comúnmente como liderazgo (pero este término está algo desvirtuado en nuestro lenguaje cotidiano y a veces se confunde con “mandar”). Liderar no es ordenar, ni mandar: es organizar. Saber repartir funciones según capacidades y posibilidades. Y  esto implica una capacidad de conocer bien a nuestro “equipo de trabajo”, saber definir tareas y funciones de manera clara y coordinar. Obviamente, en un mismo grupo puede haber más de una persona con liderazgo, por eso el próximo punto es importante también.

  •          Capacidad de negociar soluciones.

Porque ya hemos dicho que liderar no es imponer. A menudo en el mundo académico o profesional surgen conflictos. Los conflictos no son “peleas”, sino intereses que divergen sobre un mismo aspecto. Para solucionarlo de la manera más efectiva para todos (más inteligente) hay que saber negociar. Para ayudar a que se solucionen conflictos entre compañeros en los que no estoy implicada pero pueden llegar a afectar a mi rendimiento o mi “comodidad” en el ambiente del puesto, tengo que saber mediar, establecer acuerdos.

  • -          Capacidad para las conexiones personales.

Que coincide, como imaginaréis con la EMPATÍA que veíamos el otro día. Cuanto mayor sea mi capacidad para “entender” al otro (su ánimo, motivaciones, impulsos…) más ajustada será mi capacidad para mediar, para negociar con esa persona. Como siempre, no hablamos de compartir sus motivos o valores, hablamos de entenderlos, ser conscientes de ellos.

  • -          Capacidad de análisis social.

Lo mismo que hay una capacidad que nos permite comprender a las personas a nivel individual (empatía) hay una capacidad de analizar y comprender GRUPOS HUMANOS. Quienes trabajamos con ellos (profesorado, gerentes, directivos…) saben que cada uno de ellos tienen características en común con otros similares (la clase de 3ºA y B comparten edad, nivel educativo, características de la adolescencia) pero también tienen características específicas, resultado de la confluencia de cada una de las personas que la forman y el ambiente creado por esta convivencia. Esta capacidad nos arroja “luz” sobre un grupo humano, nos ayuda a liderarlo mejor.

Llegados a este punto, y tras alabar a las personas que consiguen una alta calificación en estas 4 bases, la autora hace un llamamiento que me resulta interesante. A estas 4 cualidades hay que añadir una personalidad fuerte, clara, definida. Lo contrario sería un “desastre”. ..seguro que alguna vez habéis conocido a una persona al mando de un grupo humano demasiado preocupada por gustar a todos, porque sus decisiones satisfagan a todo el mundo, por el qué dirán si… Y el resultado, a nivel operativo, suele dejar bastante que desear. Por eso, una vez más, inseguridad/baja autoestima y éxito social, en este sentido, son difíciles de compatibilizar.

Ya que hemos introducido la “otra cara de la moneda”, seguiremos el próximo día, hablando de la “torpeza social”. Quiero enfocarlo en clave de humor, para quitarle “miga” (el nombre de torpeza no me gusta, me parece muy negativo), pero también pienso que, como siempre, todos podemos mejorar nuestras habilidades en este sentido.
Besos!

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