viernes, 28 de enero de 2011

Respeto y límites

He decido aunar ambas virtudes en el mismo post porque van muy relacionadas. En este sentido, todas demandamos respeto en nuestras relaciones habituales, sean laborales, familiares, amorosas...pero implican también unos límites claros.

Una discusión social bastante común acerca de la educación de las familias hacia los menores se basa en la falta de ambos pilares: a menudo es recurrente la opinión de que los niños de hoy no saben, o no han aprendido a respetar a sus padres, docentes...mayores, en definitiva. Tampoco tienen límite, a menudo a sus comportamientos. O resumiendo en una frase: no respetan los límites.

De todas, formas, socialmente se han desvirtuado bastante ambos valores no solo a nivel educativo, sino general. Ahora más que nunca los programas de la televisión, las revistas y otros medios de difusión social saltan la barrera del respeto no solo hacia los personajes públicos, sino incluso hacia el propio telespectador, lector...receptor, al fin y al cabo.

La autora define el respeto con un matiz que me ha gustado mucho: respetar al otro implica aceptarlo como diferente a tí, decirle lo que piensas sin que la otra persona se sienta AMENAZADA en su "yo".

Me ha gustado mucho esta puntualización, porque hoy día la veo bastante necesaria. Si abanderando la libertad de expresión estoy entrando a dañar al otro, hablando sin sensibilidad ni tacto, debo tener madurez suficiente para ver que estoy faltándole como persona. Faltándole al respeto.

Si tengo que decirle  a mi jefe, pareja o suegra algo que quiero criticar / censurar de su conducta, y utilizo descalificaciones, no estoy teniendo en cuenta el respeto hacia su persona.

Ya os he contado que suelo trabajar a menudo con mis alumnos el hecho de que aprendan, cuando dicen algo a un profesor o a  un padre, NO A CALLARSE, sino a EMITIRLO DESDE EL RESPETO. Esta es la clave para que el otro acepte tu mensaje. O para que, al menos, si no lo acepta, no pueda acusarte de que fallaron las formas. 

Realmente creo que necesitamos profundizar muchísimo en esto, a nivel general.

Respecto a los límites, me viene a la mente una frase ya tópica entre todas: "Mi libertad acaba donde empieza la tuya". Suena muy fácil, pero no lo resulta tanto en la práctica.
 La autora lo matiza muy bien cuando puntualiza que poner límites es tener muy claro qué consideramos propio, ya sean:
  • Derechos (a ser respetada, a que no me insultes, a que me trates bien...)
  • Pertenencias (mantener mis amistades, mi trabajo, mis aficiones...mi mundo = espacio personal)
  • Juicios (puedes pedirme que exprese con respeto lo que pienso pero no que piense igual que tú)
 Cuidado con otro aspecto que me parece que se repite mucho en las relaciones actuales: a veces cedemos en los límites pensando en que seremos "recompensadas". Me explico "Voy a dejar este trabajo porque me presiona mi pareja, porque así me va a querer más"/ "oy a dejar que el nene haga tal cosa que está mal, porque así no me molesta en un rato".

Craso error: estas conductas (tanto ceder como, por la otra parte, querer ir "más allá" de lo conseguido) tienden a perpetuarse, entrando en una dinámica de abuso y dependencia emocional (chantaje, por ejemplo) que puede llegar a ser muy grave en cualquier esfera.

La semana que viene iniciaremos una nueva tanda que espero os resulte interesante y útil, una vez más:  cómo influyen los perfiles de estrés de las personas en su forma de desenvolverse en el mundo laboral.
Besos y respeto!

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