martes, 15 de febrero de 2011

¡¡Mi pareja y yo nos aburrimos!!

¿Conocéis la típica pareja joven que después de 10 o más años juntos (desde el instituto) y una relación más que asentada rompen porque “ya se sentían como una pareja de personas mayores”? Empiezo con este ejemplo porque yo sí que lo he oído a menudo y en algunos casos, incluso días antes de una boda ya en proceso.
Y respecto a esto quiero comentar dos cosas: la primera, que la comparación con la pareja de “personas mayores” es ya de por sí un prejuicio (¿forzosamente tiene que dejar de ser interesante la vida en pareja a los 60?) y la segunda, que es el tema del psicopost de hoy, a verdadera razón: la rutina.

La rutina es el “fantasma” que acosa a cualquier pareja asentada (por ejemplo la mía, que no es sexagenaria) y, claro está (y de ahí el prejuicio que como siempre alguna razón de ser tiene, aunque sea falaz) el dar por supuesto que a más tiempo que llevemos juntos, menos nos vamos a aportar el uno al otro.
Sin embargo, también conozco otro ejemplo, en el otro extremo, aunque abunde menos: esa pareja que ya tiene hasta nietos, y siguen hablándose con coquetería, saliendo a viajar juntos, riéndose de los mismos chistes y manteniendo esa “llamita”.

El que nuestra vida sea, en cierta forma, rutinaria, es inevitable (salvo para espíritus libres que se atreven a convertir su vida en una continua aventura impredecible; cosa que, por otra parte, tampoco deseo yo para mí). Vivir rutinariamente forma parte de la sociedad. Los niños empiezan a trabajar las rutinas desde que nacen (comida, baño, cuento, cuna), después en el colegio, con intentos de rebelión en la adolescencia (“¿Maestra ,pero porqué tengo que estudiar esto todos los años?”) y finalmente, la vida adulta, con el trabajo, los hijos si se tienen, y otras obligaciones está llena de ellas. Las rutinas no son “malas” de por sí (a gente como yo incluso les encantan jajaja) si aprovecho el tiempo libre que tengo para dar emoción a mi vida.
¿Cómo vivir mi vida sin que esta rutina me agobie, me aburra y sobre todo, llegue a mi vida de pareja?
Lo primero, como siempre, DETECTARLA. Una cosa es cumplir con mis obligaciones a diario, y otra, que mi vida diaria sea una obligación de 24 horas. Síntomas de que mi pareja y yo estamos cayendo en la rutina, según  la autora, son…

  • Cuando el otro está en casa, hay mayor dedicación a actividades individuales. Ojo,esto no implica que yo no pueda estar leyendo mientras él ve la televisión…implica que ambos siempre prefiramos hacer actividades por separado, y nunca disfrutemos de hacer cosas juntos.
  • Disminuye claramente el apetito sexual
  • Se siente alivio (este me parece muy fuerte!) si el otro miembro de la pareja se ausenta por un viaje o causas semejantes
  • Nos hacemos preguntas constantemente acerca de cómo sería nuestra vida con otra persona al lado…o con ninguna.
  • Me irritan costumbres del otro/a que antes no me molestaban.
  • Aumentan las discusiones
  • Silencios “no disfrutados”  y sensación de incomunicación.
  • Atracción habitual hacia otras personas.

 Menudo panorama, ¿no?
Ante esta situación, lo primero es NO ALARMARSE ni darlo todo por perdido en tu relación. Ser consciente de algo no implica que no tenga solución si se detecta a tiempo. Hay que ser claros con la pareja y no dramatizar ver cuáles son de VERDAD nuestros sentimientos e invitar al otro a que analice los suyos. ¿Vamos a luchar AMBOS por apartar el aburrimiento de nuestra relación? En ese caso, nos vendría genial…

  • Buscad nuevas actividades para hacer juntos
  • Quedad con amigos y si son amigos más recientes o amistades que hacía tiempo que no veíais, mejor.
  • Planificad viajes, excursiones, deportes...que nunca os habíais atrevido a hacer.
  • Y, por supuesto...innoven en la cama, señores/as!! jajaja


¿Se animan? ¿Sienten rutina a veces?
Mañana trataremos un tema inevitable al hablar de relaciones amorosas: las rupturas y cómo afrontarlas.
BESOS!