miércoles, 9 de febrero de 2011

Una pareja emocionalmente inteligente.

Ya ayer adelantábamos el nuevo bloque de inteligencia emocional en las relaciones amorosas. Como decía, algunas cosas sobre él se han dicho ya en este espacio; sin embargo, he encontrado algunas pautas que me parecen bastante interesante de tratar porque son enriquecedoras.

Para poder hablar, por tanto, de una relación de pareja “inteligente emocionalmente” es necesario destacar una serie de características una vez que ha pasado la fase de enamoramiento. Digo una vez que ha pasado, porque como ya hemos mencionado anteriormente, esta primera fase es la más subjetiva. En ella tenemos un ideal proyectado sobre el otro miembro de la pareja y, en la medida en que ese ideal se cumple o bien descubro otra realidad que igualmente me atrae como persona, la relación se mantiene.

¿En una pareja asentada, ¿qué actitudes o creencias compartidas favorecen la “salud emocional” de la pareja?

  • Compartir la creencia de que la vida en pareja es una manera gratificante de vivir la vida. Si uno de los dos miembros por diferentes vivencias o ideología piensa que el “sacrificio” de vivir en pareja no se compensa por las satisfacciones que se obtienen, apaga y vámonos. Esta claro que cada uno es libre de vivir su vida como lo desea, pero una pareja es un compromiso que tiene que motivarnos. Por otra parte debe quedar claro también, que vivir en pareja es una manera gratificante de vivir la vida, pero no la única.

  • Una buena parte del éxito que tenga la relación está en nuestras manos. Cuando las cosas no salen entre dos...es porque uno falla. O ambos. No puedo andar quejándome de lo mal que funciona mi relación sin plantearme seriamente y de forma previa qué parte tengo yo en esta historia. ¿He ayudado, me es esforzado en que fuese mejor? ¿He analizado cómo iba y he visto síntomas que no me gustaban antes de llegar al "esto ya no tiene arreglo"? Esta parte la vamos a retomar más adelante con unas pautas prácticas, ya que me parece bastante interesante.




  • No renunciar a la propia vida en favor de la vida en común. Esto sí que lo hemos hablado ya. En la "paella" de mi vida está mi pareja como ingrediente muy, muy importante. Pero también están mis hijas, mi familia, mi trabajo, mis amigos, mis hobbies, mis aspiraciones... Renunciar a alguno de estos puntos por un compromiso que ate es potencialmente muy peligroso para mí como persona, y por ende, para la salud de mi relación.

  • Potenciar la propia capacidad de juego y placer, a fin de despertarla en el compañero. Aquí me gustaría introducir un cncepto que igual muchas conocéis por haber leído sobre él. se trata de la "anhedonia" o incapacidad para disfrutar del placer (y sentirlo como algo gratificante y merecido)en los diferentes ámbitos que conforman mi vida. Como entidad propia (casos graves) se da en depresiones crónicas u otras alteraciones psiquiátricas que no nos atañen; pero es importante considerar cuando "sobrevuela" levemente nuestras cabezas en nuestra vida cotidiana: ¿vivo pensando en que no me puedo dedicar ni un rato (ni a mi pareja) porque tengo responsabilidades? ¿Me castigo o culpabilizo cuando me tomo un rato de esparcimiento? Cuidado con esto, porque es peligroso también, en relación directa con los sentimientos de infelicidad e insatisfacción.
        En el término medio (no vamos a hacer tampoco ahora apología del hedonismo jajaja) está la capacidad      para no solo disfrutar de los ratos de ocio, sino también para proponerlos y buscarles un hueco en nuestra ajetreada vida. Y dentro del ocio, del juego propiamente dicho, la sexualidad tiene un papel muy importante. Me encanta una frase de la autora cuando afirma que "El sexo es el juego que más a menudo se permiten los adultos". Efectivamente, la vida sexual de la pareja son momentos de disfrute y de algún modo, ocio. Y es una espiral: me produce relajación cuando es satisfactoria mi vida sexual; cuando estoy más relajada, mi vida sexual también es mejor.


Pero seamos realistas, en las parejas (como en todas las relaciones humanas) surgen conflictos. Y es sano que suceda así (miedo me dan esas parejas perfectas que jamás discuten). ¿cómo afrontarlos positivamente?
  • Aprender a DESDRAMATIZAR. A menudo, cuando nos sentimos heridas sentimentalmente, todo nuestro alrededor se hunde en esos momentos. Pero, afortunadamente y en la mayoría de los casos, si es un conflicto (no un suceso dramático), podemos verlo desde la calma, darle la vuelta, incluso reírnos. ¿Cuántas veces recordamos discusiones pasadas y acabamos echando unas risas? Hay que practicarlo más a menudo.
  • Negociar: Del mismo modo que en el mundo profesional nuestras habilidades negociadoras eran útiles, lo son en el amoroso, familiar, amistoso...en todos los ámbitos de la convivencia, como señalé en el post sobre este tema. No es necesario repetirnos, por tanto.
  • Usar la empatía para ampliar nuestra percepción de la pareja. Mi percepción de mi vida en pareja es eso: "mi" = subjetiva. Observando cómo se siente el/la otro, poniéndome en su lugar, intentando comprender sus intereses, actitudes y motivaciones...ayudo a mi relación. Apruebo o censuro, pero al menos comprendo.
  • Y por supuesto: CO-MU-NI-CA-CIÓN. Que no quiere decir "hablar". Quiere decir sentarse a intercambiar todo lo que la empatía, por sí misma, no me desvela. Y comentarlo. Verbalizar esas emociones, esos miedos o ansiedades...con el otro interesado. Por derecho, para empezar, que para eso es el otro implicado en el tema.
Mañana vamos a dar un pequeño "salto atrás". Hoy nos hemos centrado en una pareja estable para ver qué pautas favorecen su éxito emocional. Pero...¿qué pasa cuando nos desenamoramos? Mañana veremos pautas para anticiparnos al desengaño.
BESOS!

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