martes, 7 de junio de 2011

"Los ojos amarillos de los cocodrilos": Una novela sencilla, amena y emotiva.

Hacía siglos que no hacía una review lecturil, pero se debe a que me había quedado con un libro en modo "péndulo" (ni pa'lante, ni pa'trás). El libro en cuestión, que finalmente he abandonado es "El cementerio de Praga" de Umberto Eco.

Sí, señoras, me ha vuelto a pasar. He vuelto a Umberto buscando el nombre de una rosa y me he encontrado con otro péndulo más (jajaja alusión a que "El nombre de la rosa" me pareció un novelón, y "El péndulo de Focault", un coñazo). Aguanté el tirón descriptivo de los primeros capítulos, donde nos presenta a un personaje a mis ojos repulsivo, no por su aspecto, sino por sus prejuicios. Nos cuenta sus antecedentes familiares para ponernos en situación de porqué el tipo maneja una ideología tan deleznable...

...y por fín (creí) la acción: el tipo se despierta una mañana en otra cama, en otra habitación y con ropa que no es la suya. Curioseando, descubre que es un anejo de su casa, donde vive otra persona que ni recuerda, ni conoce... a partir de aquí se maneja la hipótesis de un posible desdoblamiento de personalidad ("interesantísimo!", me engañaba yo) muy convincente...pero Umberto vuelve a perderse en la historia de los antepasados de este tipo una y otra vez, creando un sopor narrativo que he sido incapaz de vencer.

Si alguien opina lo contrario, que me lo diga. Si alguien me promete que en la página 250 el libro se pone "de nobel", que me avise...pero por mí, está finiquitao.

Vamos al lío. Tuve la suerte de dar con una obra que me ha encantado tras abandonar la anterior (habitualmente me produce una absurda culpabilidad abandonar libros a medio leer, os pasa o soy la única friki?) y es, como digo "Los ojos amarillos de los cocodrilos", de la francesa Katherine Pancol.

"Los ojos amarillos de los cocodrilos" es la historia de una superación personal, la de Josephine, una cuarentona acomodada a una vida tradicional que de repente, se tambalea. Josephine descubre que está sola y sin fuerzas ni fe en sí misma para tirar hacia adelante de sus dos hijas casi adolescentes.

Pero no es solo la historia de Josephine, también es la de su bellísima y acaudalada hermana Iris, que es infeliz. La de su madre y padrastro, que viven entre la manipulación y el engaño. La de su (ex)marido Antoine, un infeliz que vive de sueños...y nunca consigue nada tangible que le satisfaga.

Es la historia de muchos personajes más, desde una óptica muy emotiva. El ritmo de la novela es "allegro", se transcurren los sucesos de forma que es imposible dejar de leerla, y los momentos de reflexión sobre el alma humana y sus emociones, numerosos y enriquecedores.

La única crítica que puedo hacerle es que a veces la historia se vuelve demasiado "cuentista" (tipo cuento) y algunos de los sucesos, consecuencias y en cierta forma, moralejas, son un poco previsibles.

Pero aún así creo que merece la pena, de sobra. Lo que más me ha gustado de ella es, como os señalaba, los momentos de reflexión sobre emociones y conductas de las personas, os dejo algunas frases para terminar de convenceros...

Su madre. Ya no la veía. Desde el mes de Mayo (...) Ni una palabra. Ni una llamada de teléfono. Ni una carta. Nada. No pensaba en ello continuamente pero cuando oía, en la calle, a una mujer de su edad inclinada sobre una anciana llamarla "mamá", sentía cómo sus rodillas flojeaban (...)
(...) Se preguntaba incluso si no había sido esa escena con su madre la que le había dado energía para trabajar. Nos sentimos muy fuertes cuando dejamos de hacer trampas.
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La vida pasa entre mis dedos. Nunca he conseguido encontrarle el sentido. No vivo, ando ciega. Me siento mal con los demás, mal conmigo misma. Odio a la gente que me muestra esa imagen de mí que no me gusta y me odio por no ser capaz de tener el valor de cambiar. Basta con obedecer una sola vez las leyes de los demás, basta con vivir en conformidad con lo que piensan, para que nuestra alma se resquebraje y se rompa. Nos resumimos en una apariencia.
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A Josephine la habría gustado detener el tiempo, quedarse en ese momento de felicidad y guardarlo en una botella. La felicidad, pensó, está hecha de pequeñas cosas. Siempre se la espera con mayúsculas, pero llega a nosotros de puntillas y puede pasar bajo nuestras narices sin darnos cuenta.
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Hay que entrar en la vida como se entra en un baile. No parar el movimiento llorando por uno, acusando a los demás, bebiendo (...). Bailar, bailar, bailar. Pasar las pruebas que te envía para hacerte más fuerte, más determinada. Tras ese baño en Las Landas, había estudiado encarnizadamente, había construido su vida. Otra ola se había llevado a Antoine, pero ella había sobrevivido. Llegarían otras olas, pero sabía que tendría fuerza de atravesarlas y que, siempre, habría alguien en la orill. Así es la vida. Olas y olas.

¿La habéis leído?¿Qué os pareció? Os adelanto que he empezado otra que me tiene más enganchaíta que la Winehouse jajaja!!

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