jueves, 22 de enero de 2015

Estilos de vestir: Juvenil versus clásico, ¿Te pones límites? (Reflexión)

En esa edad con límites borrosos entre la treintena y más allá del medio siglo en que, hoy día, las mujeres adultas (y los hombres también en muchos casos) nos mantenemos aún con un aspecto bastante juvenil y dinámico, a veces cuesta encontrar el límite entre una prenda que sea “juvenil” o “demasiado juvenil” y otra que sea “clásica” o “demasiado viejuna” (jajaja). En mi caso, que no tengo un estilo muy definido y me gusta ir picando de acá y de allá, creo que el caso no es la prenda en sí, sino que el truco está en cómo la combinas con otras prendas, complementos y maquillaje. Lo mismo intento aconsejar a “mi” hombre – cuando tiene la curiosidad de preguntarlo, que por cierto, debe ser que la coquetería se pega porque cada vez es más a menudo -.
¿Creéis que ciertas prendas son “demasiado” o es más bien cuestión del “cómo”?
A eso quisiera dedicar la reflexión de hoy, aprovechando varias propuestas de outfits que están por salir en el blog. Todas las fotos de ropa las verán con más detalle, estos días.

1. Estilo juvenil: lo que yo sí, y lo que yo no.
Hay prendas que, simplemente no es que me parezcan “bien o mal”, sino que no cuadran con mi manera de vestir. Por ejemplo, las tan amadas “Sneakers” no es que me disgusten, pero teniendo en cuenta que a menudo uso vestidos o faldas y que cuando llevo vaqueros – que también – suelo optar siempre por algunos detalles coquetos…no me encajan. He visto chicas con zapatillas y vestido que realmente están monas y encantadoras, pero eso sí que lo veo más propio de alguien más joven que yo.
Sin embargo, otras prendas como los minivestidos o los colorines intensos, que a veces se asocian con un estilo joven, a mi me encantan. Me veo favorecida con ellos y no me corto un pelo en usarlos.
Algo que aún me genera “controversia” a mi misma son ciertos complementos para el pelo. Mi hija pequeña (el colmo de la “coquetidad” a menudo me pregunta, “Mamá, ¿por qué nunca te pones pinzas o cintas en el pelo?” y me sale la respuesta “prejuiciosa”: “Porque es de niñas o mujeres muy jovencitas”. Pues reconozco que, como os digo, es algo prejuicioso porque tengo amigas algo más mayores que yo los luce con mucho arte.



2. El miedo a “lo clásico”: me niego.
Aunque como os decía, no considero yo que tenga un estilo muy definido, lo cierto es que los cortes clásicos me encantan. Me parecen muy elegantes (faldas lápiz, vestidos a la rodilla, pantalones de “vestir”…), femeninos y favorecedores. Como todo, este tipo de prendas tienen sus momentos: no voy a ir al súper con un vestido años cincuenta, pero sí me gusta tirar de este tipo de propuestas cuando quiero arreglarme más.
De esta forma, hay ciertas tiendas que antes me parecían “demasiado clásicas” y ahora sí que me gustan para cotillear y picar con cositas. Como os comentaba antes, todo depende de cómo lo combinemos con complementos y maquillaje. 







3. Y ellos, igual.
Me encanta esta americana:
tiene un color poco visto
pero a la vez fácil de llevar.



Lo mismo le ha pasado a Manolo: de un tiempo a esta parte, ha ido añadiendo a su estilo complementos que antes no utilizaba (pañuelos, bufandas) y también, por otra parte, estamos más atentos a propuestas clásicas, sobre todo cuando se avecinan ocasiones especiales. Una de las cosas que a mí me gusta más en bodas, bautizos, etc. es verlo vestido de traje. Y es que el mundo de los trajes está cambiando cada día con mayor rapidez. Próximamente tenemos un evento, así que hemos estado echando un ojo a una web sobre trajes para hombre a medida en Barcelona, y la verdad es que un traje masculino bien hecho…queda muy sexy, ¿verdad? Si queréis saber un poco más sobre estos trajes a medida, os invito a visitar la web de Blackpier para tener más información, porque tienen auténticas maravillas.



Y vosotras, ¿qué?
¿Tenéis trabas con las prendas más juveniles o más clásicas? ¿Os negáis a utilizar algún complemento por pertenecer a estos estilos, o miráis más bien cómo os sienta que otra cosa?
Ya me contaréis.
¡Besos!