miércoles, 14 de abril de 2010

Hoy... va de partos.

Hace un par de semanas, en un suplemento de los que vienen con el periódico los sábados, leía la columna que tiene habitualmente Edurne Iriarte, que me gusta por su estilo, coherencia y sentido común.
Como no es plan de reproducirla, os comento que narraba su parto de hacía 18 años, con una cesárea traumética sobre todo por un trato poco humano hacia ella como persona, y lo comparaba con un parto reciente de una amiga, en idénticas condiciones. Concluía la autora comentando que le parecía increíble que en España siguieran las mujeres teniendo, "partos salvajes", como ella titula el propio artículo.

Bueno, pues se puede estar más o menos de acuerdo con su postura, pero como tenía otro punto de reflexión que añadir a todo este tema, no pude quedarme quieta y envié a la redacción mi opinión, a ver qué os parece:

Me he emocionado leyendo a Edurne Uriarte en su artículo "Parto salvaje". Aunque disiento en un pequeño punto...
...en 18 años, la ciencia ha hecho cambiar mucho los partos: parimos con epidural, hay muchos más partos programados, el número de cesáreas aumenta sin parar; eso sí, las cesáreas son pequeñas y discretas para lucir biquini. La ciencia nos "ayuda" a parir.

Pero a la vez, parir, que es uno de los actos más naturales y animales de la naturaleza, se deshumaniza cada vez más. "Parto salvaje",como dice la autora, y me temo que en España es salvaje para el bebé también. Utilizamos los medios y la tecnología europea, pero no hemos asimilado sus valores: en muchísimos países se practica el "rooming", es decir, el niño y su madre está juntos desde el primer momento del parto porque es sabido tiempo ha que el apego del bebé empieza a formarse en este momento, es un tiempo clave para iniciar la lactancia y es algo que, psicológicamente, la mamá necesita.

En mis dos cesáreas tuve que esperar más de 6 horas para tener conmigo a mis hijas. En la segunda, como tuvieron que dormirme por un fallo en la epidural, ni siquiera ví que cara tenía; ni siquiera sabía si estaba bien.

Estuve las 4 horas de permanencia habitual en UCI llorando, sintiéndome sola y vacía sin mi bebé. Ya no estaba en mi vientre y yo no la conocía.

¿Pero qué sentirán los bebés? ¿Qué pasará por sus inmaduras mentecillas cuando los sacan del cálido útero para acostarlos en cunas de plexiglás? ¿No es esto salvaje?

El día que la humanidad no vaya años luz tras la ciencia, podremos llamarnos civilizados.
Gracias, Edurne.

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