viernes, 21 de mayo de 2010

Ni rural, ni guiri: clandestina

El post de hoy se sale un poco de lo típico porque es un poco más personal. El título hace referencia a cómo me siento en el pueblo en el que vivo: Mis hijas y mi trabajo me llenan, y sin embargo, a pesar de todo, echo en falta un sentimiento de pertenencia que no me nace de dentro, aunque lo intente.

Cádiar tiene unos 1.000 habitantes (pequeñísimo, ya véis), y se ubica geográficamente en el "corazón" de la Alpujarra Granaína. Amos, en toa la mitad del monte, para entendernos, jajaja. Aunque soy de costa y me vuelve loca ver el mar, también amo esta tierra. Sus montes, caminos, valles y riachuelos, sus moras silvestres y sus olivos...
...las noches de verano en este cielo se ven más estrellas de las que nunca ví en otro, y el aire fresco de la sierra ayuda a dormir en las duras noches de Julio.
Esa mijita blanca de ahí son las casitas de Cádiar

Y he dicho que amo la tierra, es verdad. Pero no tengo sentimiento de pertenencia.
Siendo bastante simplistas, podríamos hablar aquí de dos grupos de población: la autóctona alpujarreña y los guiris (ingleses). Hay también rumanos, pero cada vez menos porque con la crisis están volviendo a su tierra, donde ahora están mejor que aquí. Ironías de la vida.
Los cielos de mar son bonitos, pero los de sierra tienen un puntazo, también

La gente de "mi generación" de aquí son pocos: muchos se quedaron en la capital tras estudiar, y no vuelven más que por vacaciones (cuando yo me voy). Las que sí se quedaron, comparten algunas características que me chocan jajajaja:
- Antes de las 8 de la tarde hay que estar en casa para hacer la cena del marido (os juro que los hombres de la Alpujarra no son mancos). Por supuesto marido, nada de parejo. Aquí to-er-mundo está casado by the church.
- Lo más en verano es sacar la silla a la sombra, en la acera de tu casa, y comer pipas con el vecindario hasta que anochece.
- La mayoría de las mujeres trabajan en la casa, porque fuera no hay trabajo.

Ninguna de estas tres cosas es mala!! Pero ... me aburren mis coetáneas :( Salvo alguna compi de la asociación de mujeres que tiene otras perspectivas, me llevo bien con todo el mundo, pero sin profundizar demasiado. Digamos que muchos marchotes no me pego.
Con Marina en el río. No hablaba aún, aunque en la foto parecemos filosofear jajajja

Ahora vamos a la población guiri, con la que, curiosamente, comparto más cosas y me encanta practicar mi inglés con ellos. Son bastante hippies y les encantan empanzonarse de cerveza en las terrazas del pueblo. Están todo el año achicharraos de sol y nadie sabe en qué curran.

Estos dos grupos son bastante cerrados. No hay tensiones, pero tampoco relaciones.
Hay unos cuantos locales "guiris" en los que solo entran ingleses. La belga a la que le compro la bisutería se me quejaba con toda la razón... "Las mujeres del pueblo compran bisutería de peor calidad en los mercadillos por el mismo precio al que yo vendo mi artesanía. Pero aquí no entran porque soy guiri".
¿Y sabéis qué es lo pero? Que tras siete años viviendo aquí tengo que darle la razón a esta señora.

Los ingleses (salvo algunos) tampoco se matan por integrarse: algunos llevan el mismo tiempo que yo aquí y aún no hablan el español. Fijáos qué papelón para ir al centro de salud, al super o tener una entrevista con los maestros de sus hijos (yo las hago en inglés, pero algún compañero se niega y me parece totalmente lógico).

Pos... ahí en medio estoy yo. Jajaja. Ni granaína, ni alpujarreña, ni guiri.
Ni rural-tradicional, ni hippie-extranjera.

Por eso a veces, desde la terraza de un bar, contemplo a la gente del pueblo y aunque feliz, me siento un poquito clandestina.

...bueno, no veas qué rollazo biográfico os solté hoy!
¡¡Un beso!!

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