domingo, 25 de julio de 2010

Desarrollando la autoestima de los demás

Me ha encantado este capítulo de Branden porque el hilo conductor es ese quid pro quo que a mí tanto me mola (¡¡arriba esa hermandad potinguil!!). Básicamente, lo que dice el autor es que cuando tratamos al otro con dignidad, recibimos dignidad:
- Porque (normalmente, ya sabemos que hay de todo en la viña, pero lo más común es esto) la persona nos corresponde con admiración, humanidad, agradecimiento...
- Porque nosotros mismos nos sentimos mejor con nuestro yo. Y esto es para mí más importante. No soy partidaria de poner la otra mejilla, pero en ocasiones hay que ser señora. Me refiero a esas veces en que sabes que no vas a ser correspondida pero tu ética personal (amos, ese Pepito Grillo que todas llevamos dentro, ¿no?) te chilla atrás de la oreja que mantengas tu forma de ser, aún cuando esa persona no la merezca.

...pero no nos esfarriemos (me encanta esta palabra tan granaína). A nuestro alrededor, cada día, tenemos a personas que no son extrañas, que sí nos importan. ¿Cómo ayudarles a ellos también a que se sientan mejor? Branden propone...(Y Gadirroja dispone jajajaja):
- 1º y muy importante: el respeto. Este lo tengo más que comprobado a todas las edades. E insisto, esto no es la panacea, siempre habrá peña a quien le hables de usted y te devuelva un guantazo (por explicarlo exageradamente) pero es curioso como, cuando he hablado con muchos alumnos "problemáticos" desde el respeto, ha mejorado de forma increíble su forma de dirigirse a mí (y ha sido radicalmente diferente de su forma habitual de dirigirse a padres, profes...). Lo mismo me pasó con mi hija, con solo 4 años y antes. Si alguna vez le he gritado (amos os creéis que yo no tengo nervios? jajaja) o le he dicho algo más alto que otro, me ha devuelvo esa "agresividad". Si he hablado con tranquilidad y razonando (después de que ella controle su rabieta, sino imposible, que son 4 años!), ha respondido mucho mejor.

- Escucha activa. Muy, muy importante y creo que sin él, mi ejemplo anterior del alumno torpedo habría quedado incompleto. A todos nos gusta que nos escuchen, pero no como si le hablamos a un gato de escayola. Tampoco nos gusta (o no siempre) que nos escuchen para después soltarnos un sermón sobre lo que hacer (¡¡ay, los papás que nos tenemos que grabar esto a fuego!!). La escucha activa (ya le dedicaremos un psicopost, que lo merece) consiste en mostrar interés y ayudar a que la persona verbalice lo que siente, utilizando ciertas técnicas que a menudo conocemos de forma implícita. Ya la veremos más a fondo.

- Hacer reconocer lo que valemos. Me gusta por cuanto que añade un poco de pimienta al rollete este. Que nadie es un santo y nosotros tampoco. Muy bien que respete y que escuche pero también tengo que ofrecer una imagen de mis límites, de que no soy "abusable". Esto tiene mucho que ver con nuestra amiga Aser(tividad): te dedico mi tiempo, pero no mi vida; te ayudo, pero no voy a estar ahí siempre para "rescatarte", te aprecio, pero no comparto contigo tal o pascual postura. Esto, además, promueve personas seguras de sí mismas pero autónomas a un tiempo. Lo contrario fomenta la dependencia emocional, ojito, mamis y parejas!!

- Dejarle ver al otro lo que él merece, lo que él vale. Ojito, no se trata de andar siempre lisonjeando a nadie. Se trata de dejar entrever...¿tú no confías en tí? Pues yo sí confío en tí: en este ámbito y en este otro. Si, tienes que mejorar tal cosa, pero también están esas otras estupendas. Me gusta literalmente esta frase: "Uno de los mejores regalos que podemos ofrecer a otra persona es nuestra negativa a aceptar que tenga un pobre concepto de sí mismo".


Termino con otra cita para pensar, antes de cerrar el que es el penúltimo capítulo de esta tanda sobre autoestima:
"La serenidad inspira serenidad, la felicidad inspira felicidad, la franqueza inspira franqueza, y cuando vivimos partiendo de lo mejor de nosotros mismos tenemos más posibilidades de extraer lo mejor de los otros"

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