lunes, 9 de agosto de 2010

¿Dónde tienes tu stop personal?

...toda persona que ha tenido o se ha planteado tener una relación de pareja, algunas vez ha pensado o comentado con un íntimo "lo que yo nunca perdonaría de mi pareja es..." (tal o cual cosa) ¿verdad que sí?

En cuestión de amoríos, el tema de la fidelidad y los celos es recurrente. Cuando hablamos ya de convivencia, entran a participar otros factores, como la gestión de la economía doméstica, las relaciones con el resto de la familia, la existencia de proyectos en común (hijos, localidad de residencia, modus vivendi) y en ocasiones, hasta la profesionales (si no que se lo digan a Leona Lewis,jejeje).

Estos planteamientos se dan porque todos somos lo suficientemente inteligentes para ser conscientes, hoy en día, de que el amor tiene limites. El concepto de amor sufriente, entregado y sacrificado ha cambiado ya (hasta para con los hijos, aunque eso ya es harina de otro psicopost!).

Sin embargo, y a pesar de que todo lo anterior es un poco de perogrullo, a veces nos dejamos "atrapar" por un concepto equivocado de amar. Que levante la mano (cibernéticamente) quien ha vivio o conoce a alguien que, en su relación de pareja:
- Ha terminado dependiendo emocionalmente del otro, de tal manera que si la cosa termina...parece que la vida de ese miembro de la pareja también!
- Ha abandonado cosas (que no quería) por "amor", ha cambiado pero no de forma positiva (evolucionar, madurar...) sino en sentido forzado, sacrificado.
- Se ha sentido "culpable de" la felicidad o infelicidad del otro. Una relación no es culpa, es responsabilidad.

...porque creo que, a fin y al cabo, mantener relaciones amorosas es algo tan complicado y emocional que un buen día te levantas por la mañana y te das cuenta de que has cometido un error garrafal para contigo o con tu-manolo. Y ahora a ver quién le pone el cascabel al gato.

Por eso me gustan los límites del amor que propone Riso. Y vamos a ver cuáles son:

-Lo primero que hay que tener claro es "NUESTRO" propio concepto de integridad, de dignidad. Para saber poner un vallado tengo que saber donde acaba mi parcela. Y esto exige una y mil conversaciones conmigo misma para conocerme. Este es el trabajo que me permitió hacer este libro, y por eso lo encuentro interesante. Lo que es indigno para mí, lo que a mi me ofende o me duele, puede no serlo para el otro. Y para que el otro lo entienda, primero necesito clarificarlo yo.
Dejémonos de tontunas, poca gente se lanza a una relación con los deberes hechos. O eres muy, muy maduro, o has aprendido mucho de relaciones anteriores, pero sino, toda esta introspección me la salto a la torera.

...pero vamos al lio volviendo al ejemplo anterior: un buen día me despierto y me digo que lo que tengo no es una relación amorosa...como yo la concibo¿Cuándo preocuparme?
- Cuando no hay amor. La verdad es que el primer caso que pone este autor es el más fuerte de la lista. ¿Cómo voy a mantener una relación en la que no soy amada? ¡¡pos anda que no hay ejemplos por ahí!!  A veces es duro darse cuenta, idealizamos tanto la noción de "amor" gracias a nuestra cultura que la adereza con ideales románticos del tipo "va a cambiar por mí" o "va a aprender a quererme" que el autoengaño no es tan raro de encontrar.

- Cuando la relación no me ayuda a evolucionar desde mi persona (autorrealizarme). ¿Cuántas mujeres dejaban de trabajar en la generación de nuestras madres para quedarse en la casa a criar niños? ¿Cuántos jóvenes han modificado la elección de sus estudios por su pareja? ¿Cuántas personas han rechazado un trabajo o un voluntariado por miedo a que la relación se resienta? Tampoco es tan raro el caso.

- Cuando vivo para satisfacer al otro: Arrea, me he cosificado! Este me parece también gravísimo. No solo a nivel sexual: hay parejas que viven solo para dar gustito al otro ("vamos a donde quieras, comemos lo que quieras, me visto como quieras"). No solo es autodestructivo, además aburre al prójimo una barbaridad. Al final, esta relación es como bebe cerveza sin espuma o coca-cola sin burbujas.

- Cuando busco mi autonomía y no la encuentro ni en el cajón de los tenedores. Ya no solo hace referencia este punto al "renunciar a...por amor", como pasaba en el nº 2. Va más allá. Perder autonomía implica, además de renunciar, depender. Y para eso hay muchos motivos y es algo que, una vez más, ocurre en nuestro interior sibilinamente, sin que seamos conscientes, de manera que, cuando queremos darnos cuenta, descubrimos que nos falta el aire si el otro no está. Como decía la canción ("Si tú no estás aquí", Rosana), que por cierto me encanta; pero mejor, dejemos estas sensaciones para la lírica y respiremos nosotras sin o con amado, que es bueno pal'organismo jajaja.

 Finalmente, el autor nos propone una prueba de fuego para que comprobemos hasta qué punto nos sentimos bien con nuestra relación. Os advierto que es durilla!!
Recuerdo que una de las frases que más me impactaron de "La sombra del viento" (aunque hay muchas más) fue esta: "cuando piensas en si sigues queriendo a alguien, es porque ya has dejado de quererlo" (no es literal, que no tengo el libro a mano)...uff, qué fuerte ¿verdad? Pues Riso, en esa línea, nos propone estas autopreguntas:

Ojito, que no todas van por los mismos derroteros. Me explico: que yo no esté contenta con mi relación de pareja no implica que la cosa no tenga remedio!! En algunos casos, habrá que trabajar con la pareja; en otros, empezar por nosotras mismas. ¿Se animan ustedes?

Lo importante es, si la problemática (del tipo que sea) está ahí, meterle mano. ¡¡Cuántas parejas de gente mayor está "por estar"...y qué triste debe ser eso! Al vivir de esta manera nos negamos en parte la felicidad porque, como cita Riso

"Mientras se espera vivir, la vida pasa"

(Séneca)

...en fins, creo que ya os he dado la vara bastante por hoy. Seguiremos en el próximo psicopost. Seguro que conocéis casos de estos, por desgracia son más abundantes de lo deseable y no tienen que ver con inteligencia o fortaleza: a menudo van más allá. Asi que seguiremos.

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