viernes, 6 de agosto de 2010

Jugar en serio, o no vale.

¿Recordáis cuando, de pequeñas, ante un amigo que hiciese trampas o una circunstancia “urgente” (por ejemplo un pis! Jajaja) chillábamos “¡¡No se vaaaaale!!”… pues algo parecido plantea la autora en este capítulo.

- Los adultos, en algunos casos, nos hemos olvidado de “jugar” y esto es una pena. ¿recordáis el post sobre mantener vivo al niño de dentro? Pues va en esta línea. Los adultos necesitamos, en ocasiones, seguir jugando.
- Pero también es necesario ser consciente de que, igual que cuando éramos niños, todo juego tiene unas reglas. Y no cumplirlas lo invalida. En este caso, “hacer trampas” por ejemplo en una relación amorosa, hace una daño enorme a uno o ambos miembros de la misma. Lo que sí que es necesario es establecer esas reglas hablando con claridad y libertad cuando esa pareja se empieza a asentar.
- Otro aspecto interesante es la concepción errónea y a fuego lento que nos pesa tanto de que los juegos siempre hay que ganarlos. Si nos mentalizamos que la vida es un poquito como un juego, tenemos que aceptar que en ocasiones perderemos. Y no frustrarnos ante esto. Os pongo un ejemplo tontico de los míos. Ya sabéis que me encantan los concursos. No siempre que participo lo hago pensando que voy a ganar, pero obviamente sí que pongo ilusión y esfuerzo en mi propuesta, porque de otro modo no lo haría. A veces (sobre todo al principio y cada vez menos) me decepcionaba comprobar que propuestas que veía y me gustaban menos que la mía, quedaban en mejor posición. Ahora ya no me pasa: el resultado de un concurso es como un juego. Por mucho que te hayas esforzado, y por muy bien que te parezca haberlo hecho, siempre puede parecer más bonita, creativa o digna de premio cualquier otra propuesta ante los ojos que juzgan. Y eso hay que asumirlo, y saber perder con alegría. Repito, es un ejemplo patatero pero espero que, al menos, ilustrativo. Ya sabéis que siempre hablo desde mi experiencia porque me parece poco juicioso hacerlo desde la de otras personas y porque siempre, desde mi yo, lo que os cuente será más veraz y más lógico.
- Jugar con integridad: muy en la línea de lo anterior, la autora nos explica que los niños juegan íntegramente. Son distintos personajes, juegan con distintos amigos, a codas diferentes...pero cuando el juego acaba, son capaces de seguir siendo ellos. Con integridad. ¿Y nosotros? ¿Nos sentimos los mismos cuando perdemos, cuando ganamos, cuando nos hacen trampa? 

Termino, esta vez con cita de la propia autora, que resume perfectamente el hilo del post: “Pensar que hay que esforzarse en saber vivir nos conduce a un absurdo que resulta intolerable, puesto que a vivir se aprende viviendo, lo cual nos da la sensación de que siempre se aprende demasiado tarde. Sin embargo, nunca es demasiado tarde para aprender a jugar”.

¡¡Besos juguetones!!

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