jueves, 5 de agosto de 2010

Justo a mí me tocó ser YO

Este es otro de los capítulos que más me han gustado de la obra, y es porque toma varios temas en los que estoy muy de acuerdo con la postura de la autora. Vamos a ir viéndolos y de paso, comentándolos.

- La negación característica de la sociedad actual a asumir la vejez como un proceso natural, digno, con su propia estética y con mucho que aportar.
Ya sabéis que la presión social hacia las mujeres es uno de mis temas favoritos. Si encima es a nivel estético, más. En este caso, la autora se desmarca poniéndonos como ejemplo a un hombre (que también tienen y cada vez más, este tipo de presión) y nos enriquece con las siguientes ideas:

El problema aparece cuando una generación quiere actuar como otra. La sociedad en que vivimos no refleja todo lo que una mujer de 60 años puede ofrecer al mundo con su sabiduría, su experiencia y su “elegancia de vida”. A consecuencia de esto, hay mujeres (y hombres!) de esta generación manifestando comportamientos propios de los de 20. Ellos viven a disgusto por no asumir la década que tienen y los jóvenes “se pierden” todo lo que tienen que dar. Siempre critiqué la serie Friends. De acuerdo, es divertida, pero me revienta ver a treintañeros haciendo cosas que hacía yo con quince.

 - La superstición como forma de ver la vida de una manera irrefutable, en la que no pinto nada y no puedo cambiar lo que sucede.
Esta superstición viene dada por el punto siguiente: no puedo cambiar el paso del tiempo, y por eso (y debido a la presión social que enardece a la juventud como paradigma estético), tengo que hacer un continuo esfuerzo para aceptarme a mí misma, para asumir que ese yo no me ha “tocado” (como se dice “me tocó la china”), sino que es una consecuencia de mí misma y de la vida, que transcurre por mí como ser orgánico y psicológico.
En este sentido, la autora recalca que este desajuste entre el tiempo cronológico que vivo y el que deseo vivir, es el que provoca una insatisfacción existencial chunga-chunga. No valoro todo lo recorrido para llegar adonde estoy, y ser quien soy; en pos de ser otra persona, con otra edad, con otro físico.

- La pérdida de referentes en la familia como consecuencia de la pérdida de valores anterior. Porque una chica de 12 años necesita un referente adulto que no se comporte como alguien de 19. Su padre (y su madre) no son sus amigos.

...y lo clava, con un final al que solo tengo que añadir un “chapó!”:" ...Sin embargo, todo esto no quiere decir que las personas no se preocupen de su belleza personal o descuiden su cuerpo. ¿A quién no le gusta verse bien o comprarse algo bonito? No se habla de proponer resignación al paso del tiempo, sino energía, buena forma, vitalidad y sensación de ser útiles siempre que no se convierta en el fin único de nuestra existencia.

¡¡Besos energéticos!!

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